Novela Online Uruguayense

JUNIO, POR ALEX NIJLIBAEV

"Apuntes de Nikita Artemiev", 1

"Junio" es una ficción. Cualquier parecido con nombres, apellidos, circunstancias, situaciones, diálogos, etc. es atribuible a pura coincidencia.

Lunes 29 de Agosto de 2016 | 19:25

¡Una mañana de mierda!

Me cagué de frío trotando por las calles desde el departamento de mi suegra hasta el banco. Apenas salí a la Avenida Brasil puteaba por no venir en el Chevy amarillo. No salí en el auto porque me dije que me vendría bien hacer ejercicios matinales y me vendría bien caminar. Un pensamiento pelotudo porque la ventosa y gélida madrugada, me arrancaba lágrimas y había dejado de sentir la nariz. Tenía el pelo y la barba erizados. ¡La concha de tu madre Nikita con tus ejercicios matinales!

Llegué al Banco Provincia y me metí en la cola. Después de una hora parado, cambiaba el peso de pierna en pierna pegado contra la pared de granito, entre un puñado de gente asustada, esperanzada o cagada como yo y todos obedientes a la hora de pagar y pedir autorización al gerente que te largue unos mangos para salvar el cuello por un día.

Saqué del bolsillo de la campera inflable colorada el “Cubo de Rubik”: necesitaba fijar el pensamiento sobre el rompecabezas de colores: consistía en juntar un color en 3 líneas horizontales y 3 verticales por cada lado... bah ya se sabe como es. Prendí otro pucho.

Tenía las manos amoratadas por el frío y me temblaban, de tal modo que eran inútiles para dar vuelta cada parte del color del cubo. Por otra parte tenía la mente dispersa girando sobre el motivo del urgente llamado del banco a que me presente hoy.

Ni bien se abrieron las puertas de hierro, la ordenada fila se rompió y corrimos empujándonos a guardar el sitio en cola de espera vigilados por cámaras y la seguridad física de la tropa del banco.

Y acá estoy ¡Por fin dentro del Provincia! Un monumento a la guita. Mármoles, granito, columnas talladas, y pisos espejados. Estoy inmóvil, sentado en un banco de piedra esperando con la boca seca, que me atienda el gerente.

Para cuando Gargano me llamó, tenía el culo duro, el cuerpo entumecido y la mente amansada por las dos horas de espera sin moverme ni para mear para no perder la posición.

Eran las diez pasadas y había gastado la carga del celular dándole instrucciones a mis dos empleadas de la librería “Pushkin”: Lola, la encargada y su ayudante “Emilia”.

Entré en la oficina privada y me senté delante del gerente Gargano. Gargano era un amigo de salidas con nuestras parejas al comienzo de nuestra amistad años atrás: Gargano, con su mujer Betty y yo con la mía, Freuke Ágata. Nuestras divertidas salidas nocturnas se limitaban a morder y masticar alguna vaca tirada a la parrilla, después nos íbamos cantando al Viejo Almacén y seguir ladrando con la orquesta de tango local y, siempre, hablando de pavadas entre café y coñac, para finalmente prodigarnos afectuosas despedidas con abrazos y besos bien entrada la noche.

Estas alegres salidas fueron raleándose a medida que entré en conflictos con Freuke hasta que, cinco años atrás, se terminaron las comidas, el sexo, la cama de matrimonio y solo quedó el techo que nos cubría, los malos tratos y peleas sin fin.



Gargano me recibió con un autito de dos centímetros al cual le daba cuerda y la mierdita china hacía ruido, se paraba sobre dos ruedas, daba vueltas y emprendía una veloz carrera en círculos hasta agotarse.

--- Es un juguetito que me tranquiliza. – dijo con un apretón de mano sin levantarse – No sabes cómo te agradezco el regalo de este escarabajo rojo. Escucho tantos divagues de la gente que si no tuviese este juguete a cuerda tendrían que internarme. ¿Qué te parece Nik? -- se rió.

Pensé rápido en algún chiste para entrarle canchero a la entrevista y lo único que tenía para decirle riendo que necesitaba que el Banco me preste unos mangos.

Gargano, muy calmo sonrió sin mirarme, le dio cuerda al autito rojo y rió mirando como disparaba, se paraba sobre sus rueditas, caía hacia atrás, se recuperaba y daba vueltas como un trompo.

Gagano, preguntó sin mirar.
--- Nikita ¿Qué te trae por acá?
--- Ustedes me llamaron. – dije.

Me sequé la nariz, tosí.

Gargano me miró y sacó una carpeta de las que tenía apiladas a su derecha.

--- Yo no te hubiera llamado – dijo riéndose.

Abrió la carpeta, miró un segundo.
--- Estas en rojo -- dijo.
--- Siempre estuve en rojo -- dije resentido.
--- Y en rojo vendiste tu casa de William Morris, un Ambassador 69, cuatro hectáreas en Arroyo Chico, creo… creo… si acá está: Freuke Agata solidaria te levanto un muerto con la parte de una casa heredada en Gral. Monte ¡Acá esta todo! -- dijo.
Le dio unas palmaditas a la carpeta de mis antecedentes, después me la deslizó sin dejar de sonreír.

Recibí el Veraz como si se fuese de otro cliente del banco y no mí expediente.

Cabecee riendo confianzudo.
--- ¿Esta vez, qué puedo hacer? – dije.

Gargano me miró.
--- No se, vos decíme Nikita – dijo.

El gerente volvió a darle cuerda a la mierdita roja.
--- ¿Qué te parece?
Creí que me hablaba del autito a cuerda y lo esperé.
Levantó la cabeza
--- ¿Y? -- dijo.
Me miró.
--- ¡Es deuda con el Banco! ¿Te das cuenta que es muy serio? ¡Estás en el horno boludo! ¿Qué pasó, Nik?

Me encogí de hombros
--- Gastos amigo. Libros, Best Sellers, reposición... compras de stock, el contador, el monotributo, impuestos, servicios y las cuotas de Freuke y los chicos ¡Esa gente compra mucho con la tarjeta!
Gargano me miró serio.
--- ¡Muchos gastos, Nikita! ¿Qué tal el sueldo de dos empleadas? ¡Dos empleadas para un sucucho como el que tenés!…¿Por qué una librería Nikita? ¿Quién lee?

Gargano me tenia agarrado de las bolas, apretaba como un hijo de puta y sonreía.
-- ¿Hablaste con el contador? -- dijo.
--- Dice que es mi problema.
--- Tiene razón ¡Si señor!
Le dió un golpe de atención sobre el escritorio.
--- Bueno… veamos -- dijo mirándome a los ojos – Hoy, tenés que borrar el rojo de tu cuenta ¡Ese es un problema! Si hoy no hay solución te quedas sin tarjetas, sin chequeras, sin crédito… fuera del sistema ¡Un nadie sin dignidad!
--- ¿Sirve el Chevy como garantía? – dije.

Los ojos de Gargano brillaron y rió detrás de los bigotes anchos y los anteojos con montura negra.


--- CONTINÚA ---
 

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ALICIA GÓMEZ

Soy jubilada con la mínima y pago alquiler. Me llegaron las facturas de gas y electricidad: Gas: $518.74...

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