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"Apuntes de Nikita Artemiev", 2

"Junio" es una ficción. Cualquier parecido con nombres, apellidos, circunstancias, situaciones, diálogos, etc. es atribuible a pura coincidencia.

Jueves 01 de Setiembre de 2016 | 18:48

En el escritorio del banco, Gargano rodeado de sus pinche empleados, me mira y suspira. Pareciera decirme que no entiendo la gravedad de mi caso que me trajo a sentarme frente al jodido gerente.

--- Garantía, necesitas una garantía física ¡Ese es tu problema! -- dijo.

Volvió a clavarme los ojos de búho detrás de los anteojos.

--- Si hoy no encontras la garantía, te quedas sin tarjetas, sin chequeras, sin crédito… fuera del sistema ¡Un nadie sin dignidad!

--- ¿Sirve el Chevy amarillo como garantía? -- dije.

Los ojos de Gargano brillaron y rió detrás de los bigotes anchos y los anteojos con montura negra.
Se estiró en el sillón.

--- Nikita Artemiev tenés que levantar la vara para tu ambición ¿Por qué no tenes un Gol Power, un Megane, aunque sea un Clio o un Ford Focus? Mejor aún, vos que andas en la Cultura y el Arte ¿Por qué no un Picasso de Citroën? – miró a sus empleados calculando el efecto del chiste.

La oficina explotó en una desbordante jarana reprimida: rió el secretario, la mujer de la izquierda chilló y se tapó la boca, rió el flaco que esperaba con una pila de carpetas, rió la gorda que sacaba fotocopias, rió el tuerto de los mandados, yo reí como un estúpido.

--- ¡Un Chevy! ¡Seamos serios! – dijo Gargano.

Nos miramos y noté que mi cuerpo se tensó de miedo. Empecé a temblar y probé disimular con un cigarrillo, pero Gargano me hizo un gesto que no se podía fumar en el Banco, giró el sillón y se puso de costado mirando un punto indefinido de la angosta ventana de vidrio polarizado.

--- Tenes el terreno con la casita que estás construyendo en la calle Agüero del Parque Las Lomas – dijo lentamente sin darse vuelta.

Reaccioné malherido, indignado y tartamudee con voz ronca.

--- Gargano, el Banco fue comiéndose pedazos de mi queso poco a poco mientras los miraba impotente ¡Se lo comieron todo! Me dejaron con el culo al aire ¿Quieren más?

--- No te quejes Nikita, es tu culpa, haces mal las cosas con las consecuencias a la vista. Ahora tenes que pagar– suspiró el gerente.

Me dolía la cabeza y me ardía el estomago.

Sin mirarme, Gargano moviendo los pulgares en círculo dijo:
--- ¡Nik, abrite al mercado!

“¿Qué mierda es abrite al mercado? ¿Qué dice este boludo?”

Sentí que las axilas chorreaban un asqueroso jugo pegajoso ¡Qué ínima vergüenza! Las bolas transpiraban como si estuviese meado y tenía toda la ropa y los calzoncillos pegados a la piel que exudaba feo.

Derrapaba y me hundía.



Para salir del ahogo, me sumergí en un estado de borrachera seca: había puesto mi vara por sobre la puta Ciudad del Este. "Cuando se enderece la economía ahí quiero verte Nikita". Flotaba envuelto en la autosugestión , me convencí que a corto tiempo lo que el banco me fue quitando lo recuperaría “Todo va a estar bien”, pensaba. Me decía que lo que el banco me arrebató lo volveré a comprar: la casa de William Morris, el Ambassador… le devolveré la parte de Freuke para que me deje de hinchar las pelotas... y el terreno con la construcción de nuestra casa, que hoy voy a entregar bajo protesta, cuando la recupere construiré un caserón entre árboles frondosos, tendrá piscina, parque con árboles frondosos, monos saltando de rama en rama, flamenco, papagayos, mierda, me voy a traer a toda la puta selva amazónica al terreno de Las Lomas. Haría cavar a los negros un lago artificial y echaría un barquito para navegar con amigos: Whisky en una mano, en la otra un Montecristo de 23 cm y grueso como mi poronga y vería retozar a mis pendejos con todo lo que ahora no les puedo dar.

--- Está bien – dije. Gargano levantó los brazos.--- Así se habla. Bien, muy bien ruso -- gritó -- ahora tu ruta es el escribano del Banco para que te haga el papeleo.

Se paro.--- Esperame afuera -- dijo.

Me había perdido en un extraño e inconmensurable universo de oscuros designios y quería terminar de una vez, salirme de tal sensación de sufrimiento al pedo y le dije a Gargano "Está bien, ejecuten la casa" Y no tuve que sufrir más y no sentí ningún peso que me hunda en el abisal pozo de la angustia. Salté de la silla como si tuviese un resorte en el culo y apreté, sacudí la mano tibia y desganada de Gargano. La retuve entre las mías, subiendo y bajando la cabeza.

El Banco tenía protocolo para conductas rebeldes: el amigo gerente Gargano y el escribano licenciado Bacigalupo, me cogían alegremente y yo daba gracias al procedimiento de vejación legal.
Cada día que amanece, el número de tontos nace, crece y se multiplica.

Salí al gran espacio para el público agolpado frente a las treinta cajas con rejas de bronce. Había gente hasta reventar, todos en movimiento, ocupados en sus cosas y abrirme paso hasta un asiento de granito me era imposible sin chocar con uno u otro usuario con facturas en la mano haciendo cola para pagar.

Era un hormiguero de insectos laboriosos, apiñados en filas separadas por un cordel, vigilados por guardias de seguridad. Escuchaba gritos de una cinta humana a otra y risas. Era un espacio de puta madre; hacer cola para pagar causaba chistes boludos y alborozo estúpido. Esa gente producía un zumbido de abejas laboriosas para el reinado.

Esperé hasta que los sentidos y cualquier amague de volverme atrás fueron inhibidos y entonces, solo entonces desee terminar rápido y salir de este encierro y respirar.

Saqué el “Cubo de Rubik”, para el caso sería el método de aquietar la mente, ponerla en caja y meterla a resolver un puto rompecabezas de lineas de colores.

Me llamó el secretario de Gargano. Tiré el cubo al bolsillo de la campera y corrí a la puerta.

Un pinche de su madre me cortaba el paso y Gargano me habló atrás del tipo.

--- ¡Nikita Artemiev! Está todo arreglado gracias al escribano Bacigalupo que va hacer lugar en su agenda. Un favor con favor se agradece, no te olvides. Bacigalupo te espera en el estudio a las cuatro con la escritura. Y otra vez te digo ruso: abrite al mercado, hoy salvamos la ropa ¿No?... ¿Y mañana, cómo sigue la pelicula?

Gargano dio vuelta y desapareció en el intestino grueso del Banco.

Cabeceé y me abrí paso entre la gente delante de las cajas con rejas de bronce.
Salí al frío de la mañana.

Busqué en el morral los cigarrillos. Me temblaban las manos cuando lo prendí. Quedaban siete:

“¡Mierda! – Dije – fumé 12 en el paredón del Banco Provincial”.

Y crucé la calle corriendo entre bocinas de autos hasta la plaza de la Independencia.


FIN DE ESTE CAPÍTULO

  • PUEDE SEGUIR LA NOVELA AQUÍ: JUNIO
  • PARA CONTACTARSE CON EL AUTOR, ALEX NIJLIBAEV: FACEBOOK

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