Opinión

La izquierda democrática en la encrucijada

Por Gustavo Sirota, Socialista (*)- ...Seguramente hay demasiadas contradicciones en este modelo, muchos “debe” para marcar. En lo político, en lo social, en lo económico y en cada uno de las cuestiones que hacen de este un gobierno complejo, contradictorio y sobre todo apasionante para comprender y desde allí imaginar alternativas superadoras. Pero hacerlo a partir de lo que es y no de ponerse en la vereda de enfrente, sin más análisis que el surgido de prejuicios y diagnósticos sesgados, limitados y maniqueos... Aquí es donde quienes nos consideramos parte de la “izquierda democrática, progresista”, debemos separar la paja del trigo, diferenciar entre táctica y estrategia. Si así no lo hacemos corremos el riesgo de volver a enfrentarnos con las mayorías nacionales como en otras ocasiones a lo largo de nuestra historia. No podemos repetir errores que nos han llevado al ostracismo y lo que es peor, a acompañar y ser parte de gobiernos, que burlando la voluntad popular, fueron parte del diseño de planes que solo beneficiaron a unos pocos de adentro y de afuera...
24.08.2011 | 11:23
Esto ha sido escrito a mediados de julio, luego de que una nota que me realizarán en LT 11 y reprodujera Babel Digital generará un pequeño revuelo entre quienes siguen la política local. Demasiado para quien no se considera más que un simple ciudadano con ideas, principios y militancia de izquierda democrática. Los apoyos y críticas solo hicieron más interesante el debate abierto a partir de un momento de inflexión en la vida del país.

Dejo claro, para evitar suspicacias, que lo he enviado y hecho circular entre amigos y compañeros sin más ánimo que alimentar el intercambio entre quienes, más allá de la coyuntura electoral, somos parte, sin duda alguna, de un espacio importante del espectro político nacional que aún no ha logrado confluir en una experiencia común.

Soy de los muchos que votamos en las primarias de agosto solo a candidatos nacionales como era obligatorio – por Cristina y Américo para diputado – sin hacerlo en las internas del justicialismo en la provincia o de la Unión Cívica Radical en la ciudad. Soy de los muchos que de cara a octubre vemos con preocupación que para algunos espacios electivos, diputados provinciales, senador departamental y sobre todo gobernador, no tenemos nada para votar que nos represente. Para que quede claro que no me anima más que el debate les “canto” mi voto, desde luego a Cristina en el plebiscito de octubre, a Américo para diputado nacional y a los candidatos del partido Nuevo Encuentro en Concepción del Uruguay.


Algunas breves reflexiones de cara a octubre
La izquierda democrática en la encrucijada

La cercanía del recambio presidencial, en octubre de este año, ha abierto un interesante debate en las filas de la izquierda democrática. Como pocas veces aparece un espacio de construcción en el cual el aporte de las fuerzas que se manifiestan abiertamente por un modelo de mayor equidad, más solidario y con plena vigencia de los valores democráticos y de los derechos humanos es fundamental.

Creo que lo interrogantes centrales que se aparecen en el horizonte a corto y mediano plazo son dos. Por un lado el plebiscito que demarcará el campo político nacional en octubre entre quienes, con limitaciones, críticas y cuestionamientos, apoyamos el camino iniciado en 2003 y quienes, por convicción o por equivocar en el análisis y comprensión del momento histórico que vive nuestro país y la región, sean parte del frente – más allá de que logren unir o no sus diferencias en una o varias propuestas electorales – que sustenta el viejo país de los privilegios las prebendas y la sujeción a los dictados del consenso de Washington.

Esta cuestión central que divide las aguas de cara a octubre nos lleva al segundo gran interrogante. Es posible articular un espacio transformador - progresista en serio, que avance más allá de los límites que el modelo “K” supone - excluyendo a sectores de las identidades políticas más arraigadas – justicialismo, radicalismo y socialismo – de nuestro país. La respuesta es no. Lo mismo que imaginar este espacio transformador y verdaderamente progresista construido desde las estructuras y los aparatos del bipartidismo tradicional.

Esta aparente dualidad es tal vez la clave en la cual deberá estar puesta la mirada de quienes imaginamos esta nueva manera de hacer y entender la política. Ni sin las experiencias e identidades tradicionales, pero tampoco desde ellas se podrá construir lo nuevo. Es allí donde debemos mirar la elección de octubre. Sirve en tanto podamos dejar atrás lo viejo, dar vuelta de hoja a la experiencia neoliberal. Sirve si quienes integramos la izquierda democrática podemos empezar a desandar un camino donde confluyan quienes definitivamente crean en un nuevo modelo de hacer política y por sobre todo crean en que un nuevo país es posible.

Para ello debemos, quienes venimos de estas identidades - de izquierda, progresistas - despojarnos de los prejuicios que han llevado al agotamiento y frustración de múltiples experiencias y sobre todo han defraudado a incontables militantes y adherentes a nuestros ideales. Me parece que dejar de lado la matriz “antiperonista” – podríamos sumar varios “anti” más - que tan presente está en muchos sinceros y honestos – intelectual y materialmente - compañeros es la primera de las tareas. Resulta increíble escuchar o ver como con igual superficialidad se cuestiona a los sectores “peronistas” o “K” y se coquetea con la sociedad rural – o sus acólitos -, los “de angelis” y variopintos opositores de circunstancia, o se imaginan coaliciones electoralistas con los gestores de la vieja política neoliberal o con verdaderos “impresentables” – insospechados de progresismo como cobos, carrió, de narvaez y tantos más.

Me he preguntado en estos últimos años acerca de cual es el lugar desde donde posicionarnos quienes sustentamos estos principios e ideales. Como mirar a un gobierno que ha llevado adelante una política de derechos humanos que ha dado por el piso con las leyes de impunidad, avanzando en juicios que han llevado a muchos de los responsables del horror con sus huesos en la cárcel – común -. Como pararme ante un gobierno que sustenta una política exterior independiente, dejando de lado las “relaciones carnales” y que nos ha incluido como parte central del espacio común del continente suramericano.

Como juzgar a un gobierno que ha puesto de nuevo la política en el centro del escenario nacional, dejando atrás el viejo esquema neoliberal donde era más importante el ministro de economía que el presidente. Que posición debo tener ante un gobierno que ha reestatizado los fondos de jubilaciones y pensiones, sacando del medio la voracidad de las afjp; que ha otorgado – con limitaciones - la asignación universal, que ha creado un ministerio de ciencia y tecnología, que ha avanzado en cuestiones de equidad de género, que ha multiplicado por cinco y más veces la cantidad de becas para estudios – más de diez veces en el caso de las universitarias – que ha llevado políticas activas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas de la ciudad y del campo – de hecho más de diez millones de has. han podido ser salvadas del remate en estos años -. Podría seguir enumerando, pero el sentido no es reconocer logros de un gobierno, sino imaginar donde debo ponerme ante esta realidad.

Seguramente hay demasiadas contradicciones en este modelo, muchos “debe” para marcar. En lo político, en lo social, en lo económico y en cada uno de las cuestiones que hacen de este un gobierno complejo, contradictorio y sobre todo apasionante para comprender y desde allí imaginar alternativas superadoras. Pero hacerlo a partir de lo que es y no de ponerse en la vereda de enfrente, sin más análisis que el surgido de prejuicios y diagnósticos sesgados, limitados y maniqueos.

Aquí es donde quienes nos consideramos parte de la “izquierda democrática, progresista”, debemos separar la paja del trigo, diferenciar entre táctica y estrategia. Si así no lo hacemos corremos el riesgo de volver a enfrentarnos con las mayorías nacionales como en otras ocasiones a lo largo de nuestra historia. No podemos repetir errores que nos han llevado al ostracismo y lo que es peor, a acompañar y ser parte de gobiernos, que burlando la voluntad popular, fueron parte del diseño de planes que solo beneficiaron a unos pocos de adentro y de afuera.

Creo que estamos viviendo un momento de inflexión. Octubre marcará un antes y un después. Quienes imaginamos otro mañana tenemos la oportunidad de acompañar este proceso de transformación, de cambios, para avanzar en lo hecho, para cuestionar lo que se ha hecho mal y sobre todo para trabajar por lo que falta hacer. No hacerlo es jugar para nuestros enemigos de siempre que esperan agazapados el veredicto de octubre.

Sabedor de no ser depositario exclusivo de la verdad, pero con la convicción y la honestidad de seguir fiel a los principios e ideales que abracé hace treinta años. Convencido que el futuro solo es posible si logramos articular a las mayorías en torno a un programa político transformador que solo será realizable con el aporte de todos quienes, más allá de una coyuntura electoral, sostenemos ideales y principios que nos permiten imaginar una sociedad con más igualdad, con más justicia y más libertad

(*) Socialista d Concepción del Uruguay | profesor de Historia | divulgador histórico
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