CRÓNICA DE LA CENSURA EN LA CASA ROSADA
De los insultos a la reja cerrada: cómo Milei restringió el acceso a los periodistas acreditados
Habíamos llegado como siempre, con el reflejo automático de apoyar el dedo y pasar. Pero esta vez no hubo ingreso. El sistema de acceso por huellas dactilares dejó de funcionar para todos al mismo tiempo.
23.04.2026 | 16:29
Solo una certeza que se fue armando con el correr de los minutos, que no era un problema técnico sino una decisión —luego lo supimos— tomada desde la noche anterior, sin comunicación previa ni canal formal de aviso.
El gobierno de Javier Milei restringió este jueves el ingreso de los periodistas acreditados a la Casa Rosada sin aviso previo y bajo una decisión administrativa de Casa Militar. La novedad no llegó por un comunicado ni por un mensaje oficial sino en la reja, cuando la rutina se cortó en seco, en una medida de alcance general que sorprendió incluso a quienes llevan años cubriendo la sede de Gobierno.
La explicación formal llegó tarde y de manera fragmentada. Nos dijeron que la medida estaba vinculada a la causa que se abrió contra el canal TN por la difusión de imágenes tomadas dentro de la Casa Rosada, un episodio que derivó en una denuncia de Casa Militar por presunto “espionaje ilegal” que puso en peligro la seguridad nacional. Pero incluso ahí aparecieron las primeras inconsistencias. No se trataba de una orden judicial ni de una disposición emanada de un juzgado. No había ningún documento que obligara a impedir el ingreso. La decisión, según se nos transmitió, había sido tomada de manera interna con el argumento de “tener el espacio liberado para hacer las respectivas inspecciones”.
La explicación dejó más dudas que certezas. Si se tratara de una cuestión operativa, la lógica indicaría la existencia de un plazo, una previsión o al menos una notificación previa que ordenara el acceso. Nada de eso ocurrió. La medida fue aplicada de manera inmediata, sin horizonte claro de duración y con impacto sobre la totalidad de los acreditados.
El episodio tiene, además, un antecedente inmediato. En las últimas semanas, al menos siete medios ya habían sufrido restricciones parciales de acceso bajo el argumento de una presunta “infiltración rusa” en ámbitos periodísticos, una hipótesis que nunca terminó de ser explicada en detalle pero que sirvió para justificar controles más estrictos y limitaciones puntuales. Aquella decisión había sido focalizada. La de este jueves, en cambio, amplía el alcance y la vuelve total.
La medida también se inscribe en una secuencia más amplia de confrontación del presidente Javier Milei con el periodismo. En los últimos meses, el mandatario intensificó sus ataques verbales contra distintos medios y periodistas, con descalificaciones públicas y señalamientos directos desde redes sociales. En el caso puntual que detonó la denuncia, Milei reaccionó con insultos y calificativos extremos hacia los trabajadores involucrados, en línea con un discurso que tensiona de manera creciente el vínculo entre el Gobierno y la prensa.
Desde el oficialismo, con el correr de la mañana, buscaron acotar el alcance de lo sucedido. Aseguraron que la sala de periodistas “no se va a cerrar” y que las acreditaciones no fueron dadas de baja, sino que continúan vigentes. También señalaron que el cambio se limita al sistema de acceso. Sin embargo, esa explicación convive con un dato difícil de soslayar: para Milei, el problema no es el periodismo. Es la información libre.
- PEDRO LACOUR, PERIODISTA ACREDITACO EN CASA ROSADA.
El gobierno de Javier Milei restringió este jueves el ingreso de los periodistas acreditados a la Casa Rosada sin aviso previo y bajo una decisión administrativa de Casa Militar. La novedad no llegó por un comunicado ni por un mensaje oficial sino en la reja, cuando la rutina se cortó en seco, en una medida de alcance general que sorprendió incluso a quienes llevan años cubriendo la sede de Gobierno.
La explicación formal llegó tarde y de manera fragmentada. Nos dijeron que la medida estaba vinculada a la causa que se abrió contra el canal TN por la difusión de imágenes tomadas dentro de la Casa Rosada, un episodio que derivó en una denuncia de Casa Militar por presunto “espionaje ilegal” que puso en peligro la seguridad nacional. Pero incluso ahí aparecieron las primeras inconsistencias. No se trataba de una orden judicial ni de una disposición emanada de un juzgado. No había ningún documento que obligara a impedir el ingreso. La decisión, según se nos transmitió, había sido tomada de manera interna con el argumento de “tener el espacio liberado para hacer las respectivas inspecciones”.
La explicación dejó más dudas que certezas. Si se tratara de una cuestión operativa, la lógica indicaría la existencia de un plazo, una previsión o al menos una notificación previa que ordenara el acceso. Nada de eso ocurrió. La medida fue aplicada de manera inmediata, sin horizonte claro de duración y con impacto sobre la totalidad de los acreditados.
El episodio tiene, además, un antecedente inmediato. En las últimas semanas, al menos siete medios ya habían sufrido restricciones parciales de acceso bajo el argumento de una presunta “infiltración rusa” en ámbitos periodísticos, una hipótesis que nunca terminó de ser explicada en detalle pero que sirvió para justificar controles más estrictos y limitaciones puntuales. Aquella decisión había sido focalizada. La de este jueves, en cambio, amplía el alcance y la vuelve total.
La medida también se inscribe en una secuencia más amplia de confrontación del presidente Javier Milei con el periodismo. En los últimos meses, el mandatario intensificó sus ataques verbales contra distintos medios y periodistas, con descalificaciones públicas y señalamientos directos desde redes sociales. En el caso puntual que detonó la denuncia, Milei reaccionó con insultos y calificativos extremos hacia los trabajadores involucrados, en línea con un discurso que tensiona de manera creciente el vínculo entre el Gobierno y la prensa.
Desde el oficialismo, con el correr de la mañana, buscaron acotar el alcance de lo sucedido. Aseguraron que la sala de periodistas “no se va a cerrar” y que las acreditaciones no fueron dadas de baja, sino que continúan vigentes. También señalaron que el cambio se limita al sistema de acceso. Sin embargo, esa explicación convive con un dato difícil de soslayar: para Milei, el problema no es el periodismo. Es la información libre.
- PEDRO LACOUR, PERIODISTA ACREDITACO EN CASA ROSADA.
Fuente: ELDIARIOAR


