OPINIÓN
¡Escándalo! Usan uno para ocultar otro y así sucesivamente
Es un escándalo. Lo que pasó alrededor del Caso $LIBRA, es un escándalo. La RAE, en una de sus acepciones, como un “hecho o dicho considerados inmorales o condenables y que causan indignación y gran impacto públicos”, para después agregar en la siguiente “desenfreno, desvergüenza, mal ejemplo”.
26.10.2026 | 19:28
Los insultos del señor presidente de la Nación Argentina, Javier Gerardo Milei, al periodismo son escandalosos. Merecen más repudio del que han tenido. Son gestantes de peligro. La palabra del poder es modélica.
Hasta la senadora nacional Patricia Bullrich, aspirante plena a la sucesión y afilada espada parlamentaria de La Libertad Avanza (hasta ahora) tomó distancia, defendiendo la libertad de expresión y la actividad de la prensa. Algunos dirán, sobre la postura de la ex ministra de Trabajo y de Seguridad, que toma una postura escandalosa, otra vez.
Nubarrones y ansiedad
El clima social está espeso. Para preservar el ánimo se opta, a veces, por alejarse de algunas cuestiones, no prestarles atención. Es un intento por esquivar desaliento. Y no está mal. Si apenas se sobrevive cuando los salarios son demasiado cortos y los meses larguísimos.
Más allá de esta realidad, hay que tomar nota, no olvidarse. Aunque sea trabajosamente hacerle lugar a ciertas cuestiones que parecen lejanas. Como los insultos al periodismo y el caso $LIBRA.
Estamos atravesados de ansiedad, como bien explica José Natanson en un artículo publicado en Le Monde este mes: “La ansiedad es como una sombra del miedo. Mientras que el miedo es la reacción a un peligro inminente, la ansiedad puede definirse como la reacción anticipada a una amenaza, real o inventada. El miedo nos protege, mientras que la ansiedad, que es una niebla fría, nos desgasta y, después de un tiempo, nos agota. Por eso es un problema, que se expresa en el cuerpo a través de una sensación de tensión u opresión y, a veces, una molestia en el abdomen”. Variedad de ruidos y funciones para una panza que anda medio vacía.
Volviendo sobre el asunto de los escándalos y sus consecuencias, tengamos en cuenta lo que el constitucionalista, Andrés Gil Dominguez, ha dicho en las últimas horas. Escribió que el fallo judicial sobre el Caso $LIBRA, “demuestra definitivamente, que el sistema judicial, que tiene por función constitucional investigar y castigar la corrupción, está roto y sostenido por una insoportable doble vara”. Horrible.
El miedo presente junto a la ansiedad, y las instituciones en peligro de derrumbe. Un combo estresante, en el que el poder hace lo de siempre: entre asombros distractivos busca meter su/la basura bajo la alfombra.
Con las herramientas que tiene, apabulla. Quiere confundir, intimidar, haciendo exhibición de fuerza o superioridad. Es la herramienta preferida del que tiene demasiado por ocultar. Y está pasando.
Los argentinos asisten perplejos a un escenario cargado de tufo, poblado de escándalos de todos los colores. No es casual que los electores hagan silencio y se alejen. No saben, no contestan. Y se podría agregar que no quieren saber demasiado, manteniendo la postura de no responder.
Sombras nada más
En el mismo lodo, todos. Filosofía Discepoliana vigente, eterna. Nacemos medio embarrados. Nadie sin salpicaduras. Demasiadas sombras. El muerto y el degollado solo observan en el otro la desgracia, pretendiendo ocultar la propia. El giro entrerriano para definirlo: un chiquero.
Tiempos de escándalo. Se usa uno para tapar el otro y así sucesivamente hasta lograr el cansancio. Y ese cansancio, construido, es potenciado, aprovechado por el poder con ganas de eternizarse.
Sucesión de temas en los últimos días. Causa por presunta asociación ilícita y posible lavado de dinero con Cristina Fernández y Máximo Kirchner investigados. Entretanto sobreseen a Javier Milei y a Karina Milei, sin que siquiera sus abogados pidan el sobreseimiento. Para muchos especialistas, un escándalo.
Detienen a un financista ligado al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Carlos “Chiqui” Tapia. Aparece por ahí un fallo que favorece al expresidente Mauricio Macri, a Nicolás “Toto” Caputo y Federico Sturzenegger. Pasan cosas, todo el tiempo.
Una invitación extendida a desafiar los límites del asco. Después se preguntan las razones de la suba del riesgo país. En fin, detalles.
La prensa, problema eterno
El asombro puede andar entre la admiración y el espanto, por eso sus límites son tan difusos. La cuestión es que una y otra vez hay que ocuparse (y preocuparse) por las reacciones -absolutamente asimétricas- del Estado frente al trabajo del periodismo.
Es el Estado, porque se trata del presidente. Una vez ungido difícilmente pueda escindir su accionar de la investidura. Cuando el comandante en jefe de las fuerzas armadas de un país propone enviar a la hoguera a un trabajador de prensa porque hace su trabajo, queda perfectamente claro que es un camino de ida al espanto.
El insulto, lamentablemente, ya no causa asombro, lo que es, escandaloso. Pero debería. Seguramente el presidente Milei, como muchos que transitan o transitaron el poder, no puede admitir otra cosa que admiración. La vanidad es un yuyo malo, advirtió el poeta.
La mención de la hoguera califica como terror, porque José Luis Cabezas fue calcinado. No hay que olvidarse.
El ciudadano debería preguntar, cuando el presidente hace gala de semejantes groserías con repercusiones internacionales, qué presente nos tocaría si el periodismo no desarrollara su tarea.
El propio Milei llega a ser conocido y desde ahí da el salto a la presidencia de la Nación porque el periodismo le dio espacio. El que ahora se molesta con la tarea de la prensa, es lo que es gracias a la prensa. Paradoja.
Quien sabe cuál será el origen de su iracundia maltratadora. Tal vez mirando quienes son los dirigentes que admira, se pueda acercar alguna conclusión.
La historia, los próceres
En los últimos años, en la Argentina, el trabajo de los periodistas permitió que muchas situaciones dañinas para los ciudadanos y para las instituciones, sean conocidas.
Al ser reveladas conmueven, provocan y en muchos casos, terminan con intervención de la justicia con condenas o, por lo menos, la publicidad de sus actos restringe la licencia social.
La reacción de Milei respecto a la prensa lleva a recordar otro tiempo de aristas neoliberales, como fue el paso de Carlos Menem por la presidencia de la Nación.
Un expresidente que ocupa un espacio en el Salón de los Próceres Argentinos y fue refractario a la labor del periodismo desde sus inicios. Tuvo, si, periodistas amigos, con los que cultivó jovial trato y estaban siempre abiertos a darle espacio. Uno: Bernardo Neustadt. Pasó antes y ahora, pasa. Imitación o casualidad, quien pudiera saberlo.
El periodismo para el riojano fue urticante, porque siempre le recordó su accionar, mientras fue presidente y después. El periodismo siempre recordó el caso de la fábrica militar de Río Tercero, en Córdoba, el contrabando de armamentos.
Ha sido y es el periodismo el que investigó y mantuvo en la discusión pública ese y otros temas. Se atribuye al expresidente Riojano haber repetido la frase de un dirigente europeo que soñaba un mundo sin periodistas.
Habría que indicar que no habría periodistas sin un mundo con cosas para contar. El poder contra los medios muestra el temor que provoca un trabajo simple. Simplísimo.
Una actividad que debe, básicamente, inmiscuirse una y otra vez en los quehaceres de los hombres de Estado, y muchas veces, demasiadas, mirar el estado en que se encuentra los hombres y mujeres que pasan por el Estado. Antes de hacerlo y después. El periodismo suelo ocuparse de la ética pública.
Carlos Menem, el expresidente admirado por Javier Milei, se molestaba bastante con el trabajo de la prensa. Es que el periodismo solía recordar que había sido imputado como "autor mediato" del delito de "estrago doloso agravado".
La Fábrica Militar de Río Tercero estalló el 3 de noviembre de 1995. Murieron Aldo Aguirre, Leonardo Solleveld, Romina Torres, Laura Muñoz, Hoder Francisco Dalmasso, José Varela y Elena Ribas de Quiroga.
Por eso en esa ciudad se prohibió levantar en su nombre monumentos públicos, o nombrar calles. No habrá un parque para reconocer al expresidente, como sí lo tiene Justo José de Urquiza.
Y sí. El periodismo toma nota, asocia. Indica, propone, capta conversaciones, las transcribe. Muestra lo que pasa muy lejos o tal vez cerca, pero que, si no es captado y puesto a consideración, puede pasar desapercibido. Mejor que eso no pase.
Menem solía acusar a los medios de comunicación de violar su intimidad y pregonaba que la libertad de prensa no podía ser absoluta. El hombre de Anillaco recordaba a Juan Bautista Alberdi y a Faustino Sarmiento una y otra vez para sostener sus posturas. Parecido a esta realidad, en la que se intenta justificar buscando ocultar.
Que estemos en una época veloz no debe impedir que se publique, que se piense y se opine. Hay una crisis en la disputa por la atención, porque el escroleo es en cierto punto dejar pasar cosas.
No existe la plaza en la que resonaban las discusiones y se desmoronaban o construían las conversaciones haciendo chocar argumentos. Pero la esencia está y es ahí donde el periodismo, atento, se ocupa.
Es otra cosa este presente, pero llamativamente, siguen los ataques al periodismo, un trabajo que, frente a un escándalo, se detiene y lo explica con cierta profundidad, ofreciendo elementos que en muchas ocasiones obturan los deseos de impunidad de los hombres que transitan por el poder.
Hasta la senadora nacional Patricia Bullrich, aspirante plena a la sucesión y afilada espada parlamentaria de La Libertad Avanza (hasta ahora) tomó distancia, defendiendo la libertad de expresión y la actividad de la prensa. Algunos dirán, sobre la postura de la ex ministra de Trabajo y de Seguridad, que toma una postura escandalosa, otra vez.
Nubarrones y ansiedad
El clima social está espeso. Para preservar el ánimo se opta, a veces, por alejarse de algunas cuestiones, no prestarles atención. Es un intento por esquivar desaliento. Y no está mal. Si apenas se sobrevive cuando los salarios son demasiado cortos y los meses larguísimos.
Más allá de esta realidad, hay que tomar nota, no olvidarse. Aunque sea trabajosamente hacerle lugar a ciertas cuestiones que parecen lejanas. Como los insultos al periodismo y el caso $LIBRA.
Estamos atravesados de ansiedad, como bien explica José Natanson en un artículo publicado en Le Monde este mes: “La ansiedad es como una sombra del miedo. Mientras que el miedo es la reacción a un peligro inminente, la ansiedad puede definirse como la reacción anticipada a una amenaza, real o inventada. El miedo nos protege, mientras que la ansiedad, que es una niebla fría, nos desgasta y, después de un tiempo, nos agota. Por eso es un problema, que se expresa en el cuerpo a través de una sensación de tensión u opresión y, a veces, una molestia en el abdomen”. Variedad de ruidos y funciones para una panza que anda medio vacía.
Volviendo sobre el asunto de los escándalos y sus consecuencias, tengamos en cuenta lo que el constitucionalista, Andrés Gil Dominguez, ha dicho en las últimas horas. Escribió que el fallo judicial sobre el Caso $LIBRA, “demuestra definitivamente, que el sistema judicial, que tiene por función constitucional investigar y castigar la corrupción, está roto y sostenido por una insoportable doble vara”. Horrible.
El miedo presente junto a la ansiedad, y las instituciones en peligro de derrumbe. Un combo estresante, en el que el poder hace lo de siempre: entre asombros distractivos busca meter su/la basura bajo la alfombra.
Con las herramientas que tiene, apabulla. Quiere confundir, intimidar, haciendo exhibición de fuerza o superioridad. Es la herramienta preferida del que tiene demasiado por ocultar. Y está pasando.
Los argentinos asisten perplejos a un escenario cargado de tufo, poblado de escándalos de todos los colores. No es casual que los electores hagan silencio y se alejen. No saben, no contestan. Y se podría agregar que no quieren saber demasiado, manteniendo la postura de no responder.
Sombras nada más
En el mismo lodo, todos. Filosofía Discepoliana vigente, eterna. Nacemos medio embarrados. Nadie sin salpicaduras. Demasiadas sombras. El muerto y el degollado solo observan en el otro la desgracia, pretendiendo ocultar la propia. El giro entrerriano para definirlo: un chiquero.
Tiempos de escándalo. Se usa uno para tapar el otro y así sucesivamente hasta lograr el cansancio. Y ese cansancio, construido, es potenciado, aprovechado por el poder con ganas de eternizarse.
Sucesión de temas en los últimos días. Causa por presunta asociación ilícita y posible lavado de dinero con Cristina Fernández y Máximo Kirchner investigados. Entretanto sobreseen a Javier Milei y a Karina Milei, sin que siquiera sus abogados pidan el sobreseimiento. Para muchos especialistas, un escándalo.
Detienen a un financista ligado al presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Carlos “Chiqui” Tapia. Aparece por ahí un fallo que favorece al expresidente Mauricio Macri, a Nicolás “Toto” Caputo y Federico Sturzenegger. Pasan cosas, todo el tiempo.
Una invitación extendida a desafiar los límites del asco. Después se preguntan las razones de la suba del riesgo país. En fin, detalles.
La prensa, problema eterno
El asombro puede andar entre la admiración y el espanto, por eso sus límites son tan difusos. La cuestión es que una y otra vez hay que ocuparse (y preocuparse) por las reacciones -absolutamente asimétricas- del Estado frente al trabajo del periodismo.
Es el Estado, porque se trata del presidente. Una vez ungido difícilmente pueda escindir su accionar de la investidura. Cuando el comandante en jefe de las fuerzas armadas de un país propone enviar a la hoguera a un trabajador de prensa porque hace su trabajo, queda perfectamente claro que es un camino de ida al espanto.
El insulto, lamentablemente, ya no causa asombro, lo que es, escandaloso. Pero debería. Seguramente el presidente Milei, como muchos que transitan o transitaron el poder, no puede admitir otra cosa que admiración. La vanidad es un yuyo malo, advirtió el poeta.
La mención de la hoguera califica como terror, porque José Luis Cabezas fue calcinado. No hay que olvidarse.
El ciudadano debería preguntar, cuando el presidente hace gala de semejantes groserías con repercusiones internacionales, qué presente nos tocaría si el periodismo no desarrollara su tarea.
El propio Milei llega a ser conocido y desde ahí da el salto a la presidencia de la Nación porque el periodismo le dio espacio. El que ahora se molesta con la tarea de la prensa, es lo que es gracias a la prensa. Paradoja.
Quien sabe cuál será el origen de su iracundia maltratadora. Tal vez mirando quienes son los dirigentes que admira, se pueda acercar alguna conclusión.
La historia, los próceres
En los últimos años, en la Argentina, el trabajo de los periodistas permitió que muchas situaciones dañinas para los ciudadanos y para las instituciones, sean conocidas.
Al ser reveladas conmueven, provocan y en muchos casos, terminan con intervención de la justicia con condenas o, por lo menos, la publicidad de sus actos restringe la licencia social.
La reacción de Milei respecto a la prensa lleva a recordar otro tiempo de aristas neoliberales, como fue el paso de Carlos Menem por la presidencia de la Nación.
Un expresidente que ocupa un espacio en el Salón de los Próceres Argentinos y fue refractario a la labor del periodismo desde sus inicios. Tuvo, si, periodistas amigos, con los que cultivó jovial trato y estaban siempre abiertos a darle espacio. Uno: Bernardo Neustadt. Pasó antes y ahora, pasa. Imitación o casualidad, quien pudiera saberlo.
El periodismo para el riojano fue urticante, porque siempre le recordó su accionar, mientras fue presidente y después. El periodismo siempre recordó el caso de la fábrica militar de Río Tercero, en Córdoba, el contrabando de armamentos.
Ha sido y es el periodismo el que investigó y mantuvo en la discusión pública ese y otros temas. Se atribuye al expresidente Riojano haber repetido la frase de un dirigente europeo que soñaba un mundo sin periodistas.
Habría que indicar que no habría periodistas sin un mundo con cosas para contar. El poder contra los medios muestra el temor que provoca un trabajo simple. Simplísimo.
Una actividad que debe, básicamente, inmiscuirse una y otra vez en los quehaceres de los hombres de Estado, y muchas veces, demasiadas, mirar el estado en que se encuentra los hombres y mujeres que pasan por el Estado. Antes de hacerlo y después. El periodismo suelo ocuparse de la ética pública.
Carlos Menem, el expresidente admirado por Javier Milei, se molestaba bastante con el trabajo de la prensa. Es que el periodismo solía recordar que había sido imputado como "autor mediato" del delito de "estrago doloso agravado".
La Fábrica Militar de Río Tercero estalló el 3 de noviembre de 1995. Murieron Aldo Aguirre, Leonardo Solleveld, Romina Torres, Laura Muñoz, Hoder Francisco Dalmasso, José Varela y Elena Ribas de Quiroga.
Por eso en esa ciudad se prohibió levantar en su nombre monumentos públicos, o nombrar calles. No habrá un parque para reconocer al expresidente, como sí lo tiene Justo José de Urquiza.
Y sí. El periodismo toma nota, asocia. Indica, propone, capta conversaciones, las transcribe. Muestra lo que pasa muy lejos o tal vez cerca, pero que, si no es captado y puesto a consideración, puede pasar desapercibido. Mejor que eso no pase.
Menem solía acusar a los medios de comunicación de violar su intimidad y pregonaba que la libertad de prensa no podía ser absoluta. El hombre de Anillaco recordaba a Juan Bautista Alberdi y a Faustino Sarmiento una y otra vez para sostener sus posturas. Parecido a esta realidad, en la que se intenta justificar buscando ocultar.
Que estemos en una época veloz no debe impedir que se publique, que se piense y se opine. Hay una crisis en la disputa por la atención, porque el escroleo es en cierto punto dejar pasar cosas.
No existe la plaza en la que resonaban las discusiones y se desmoronaban o construían las conversaciones haciendo chocar argumentos. Pero la esencia está y es ahí donde el periodismo, atento, se ocupa.
Es otra cosa este presente, pero llamativamente, siguen los ataques al periodismo, un trabajo que, frente a un escándalo, se detiene y lo explica con cierta profundidad, ofreciendo elementos que en muchas ocasiones obturan los deseos de impunidad de los hombres que transitan por el poder.
Fuente: NÉSTOR BANEGA - PERIODISTA - ANÁLISIS DIGITAL






